Antiguamente era necesario evitar poner archivos en el escritorio; hoy en día pensé que ya no lo era, o bien que Windows había sido optimizado (quizá mostrando solo una vista previa, como una lista de archivos indexados o en caché), o tal vez que, con tanto procesador y memoria RAM, ya no se nota ninguna ralentización.
En mi equipo principal me cuido bastante de poner todos los juegos en forma de accesos directos, dentro de una carpeta, porque son cientos. En el escritorio dejo tan solo una muestra que simboliza los más queridos para mí, o con los que más me gusta identificarme. Aun así, llegan a ser más de quince y, si le sumas programas de trabajo, de edición o cuatro o cinco cosas más, llenas el escritorio. Incluso teniendo una pantalla curva gigante y reservando cinco columnas en los laterales para iconos, te sientes un poco oprimido, o más bien metido en una caja de la que es difícil salir.
Borrando todos los iconos me he sentido un millón de veces más libre, con una capacidad de concentración del 100×100 y pudiendo enfocarla o dirigirla a donde me plazca, y no a donde yo mismo me había forzado al dirigir mi atención a lo que previamente coloqué en el escritorio.
Lamentablemente, Windows es penoso a la hora de crear escritorios diferentes: ni siquiera puedes tener fondos de pantalla distintos para cada uno, ni iconos, carpetas o una barra de tareas independiente. Por eso pensé en usar un gestor de escritorios.
Usar Linux es algo a lo que no me animo ahora mismo; no haría más que aumentar la «carga de proceso» de mi persona: tener que aprender todo de nuevo y ajustar o compatibilizar todos los programas a los que me he acostumbrado a usar. Tan solo lo utilizo para tareas de ciberseguridad y, aun así, desde siempre me quito el sombrero ante el sistema y su concepto. Fui muy feliz cuando salieron los primeros Android y podíamos trastear y mejorar aquellos primitivos dispositivos tan ajustados en capacidades. ¡Llegué a jugar Fallout en un HTC Magic! 🙂
¿Qué
versión distribución de Linux utilizas? Solo por curiosidad.
Asi queda mi escritorio despues de utilizar este pequeño truco


La verdad es que me hace muy feliz porque, aunque tengo muchas capacidades (como todos), soy tremendamente indisciplinado, quizá por querer gozar de la libertad que siempre he buscado. Pero necesito centrarme y conseguir objetivos que solo se alcanzan con un férreo control y un trabajo firme. Así que, al menos, quiero comenzar dedicando unos pocos minutos al día a los mismos, jajaja. Pensé que, si me los ponía delante de la cara todo el día, ya no tendría excusa para seguir escondiéndome de ellos, jejeje.